2006Febrero - Poesia y Poemas
A la columnista; digo, calumnista, de un periódico
hispano en el estado de la Florida
Sus escritos, señora Nurka o Nurko,
más que en español están en turco.
¿El tema? Siempre el mismo: nada, nada.
¡Y al pie su horrible foto engalanada!
En eso de decir nada es usted terca
(como en lo de esparcir el venenito),
es la mista terquedad conque la puerca
año tras año nos ofrece algún puerquito.
No se puede precisar cuál es el surco
que calienta su semilla envenenada
o si cobra aquà o al lado de la cerca.
Y en esto francamente me bifurco:
¿Pues cómo puede el señor de la mesada
pagar cual rÃo lo que es sólo una alberca?
(Nueva York, octubre de 1984)
(De : Inferno, poesÃa completa)
De modo que Cervantes era manco;
sordo, Beethoven; Villon, ladrón;
Góngora de tan loco andaba en zanco.
¿Y Proust? Desde luego, maricón.
Negrero, sÃ, fue Don Nicolás Tanco,
y Virginia se suprimió de un zambullón,
Lautrémont murió aterido en algún banco.
Ay de mÃ, también Shakespeare era maricón.
También Leonardo y Federico GarcÃa,
Whitman, Miguel Ãngel y Petronio,
Gide, Genet y Visconti, las fatales.
Ésta es, señores, la breve biografÃa
(¡vaya, olvidé mencionar a san Antonio!)
de quienes son del arte sólidos puntuales.
(La Habana, 1971)
Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabÃa que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sordido horror tiene su encanto.
Vivió para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
-precisamente porque nos marchamos-.
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
sólo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conoció la prisión, el ostracismo,
el exilio, las múltiples ofensas
tÃpicas de la vileza humana;
pero siempre lo escoltà cierto estoicismo
que le ayudó a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la mañana.
Y cuando ya se bamboleaba surgÃa una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.
(Nueva York, 1989)
una mujer se ha sentado en tu silla turca
sin desnudarse
tan sólo allÃ
cuando sueñas cuando vuelves
de las complicaciones.
una mujer está hecha de esa soledad
que existe entre lo cotidiano y el deseo.
vuela ante el parabrisas
te engaña se detiene
y luego escapa.
para toda mujer hay un trono
en el centro de un hombre
una silla en la conciencia.
yo vivo sobre la nariz entre tus ojos
bajo la frente
sólo tus huesos son cómplices de mi ocio
asà los árboles nos traspasan
los colores nos iluminan juntos
y asà la muerte nos matará a los dos
boca arriba
entre tus pensamientos
y mi llanto.
como una cesta de paja
mi mano blanca y su pulgar girando
mi mano fina y oscura
para tocarte
cuando hacemos su juego
en el aire mi mano alta
de arrancar las frutas prohibidas
y abrir la yerba
mi mano constante precisa
que me permite definir esos contornos
la materialidad del mundo
la forma del placer mis ojos
mis oÃdos en la noche de espasmo.
mi mano que se mancha en la soledad
y vibra con sus pequeños dioses
la mano que se alarga húmeda
y toca el infinito con sus alfileres
como puentes de fuego.
es un pez una rama una sombra
de pájaro en el laberinto.
aquà tengo en la cartera un chocolate.
apretada
le letra de un hombre se ha prendido
al papel que lo envuelve.
un hombre azul me lo envÃa
lo deja caer desde una nube.
un chocolate viene
desde un vuelo muy alto sin aviso
a mi boca
y en el gusto van entrando sus ojos.
estoy comiendo ojos de chocolate
en mi vestido blanco se prenden las avispas.
ya que volamos juntos dime
dónde está la distancia interminable
mi cuerpo a segundos-propulsión del tuyo
y el amanecer cuajándose en mi bata.
ya toco el otro corazón bajo tu vientre.
en el ruido de un motor donde puede
desprenderse la eternidad estamos presos.
ya estoy muerta por accidente de un amor
en este oscuro hotel aprieto mi tablita de chocolate
para salvarme
(no se pueden amputar los amorcitos todo
es continuable o roto por
las cosas principales que te obligan
a matar a una muchacha
en este pobre hotel de provincia
con los colchones hundidos de tanta humanidad).
las paredes se descascaran la gente se me olvida
y estos momentos que uno tiene
son ásperos
como si nos hubiéramos vaciado
indefensos
sólo un sabor dulce sobre mi ombligo
y no puedo detener los aviones que van a salir
que no son de juguete ya crecieron
y las señales los aeropuertos
siguen depositando tu cuerpo en la realidad
sin que yo pueda nada en contra
boletos fechas viajes que me corrompen
la
de tanta fama que tengo aquÃ
la fama que no es un número exacto
ni siquiera un chocolate entre los dientes
nadie sabe que en esta habitación tan sola
yo me como la fama
porque no me sirve para dormir
tibia
entre tus muslos.
no me puedo librar de ese ojo
que mira desde el cuadro
mis imperfecciones.
toda mi culpa de vivir
y querer
inventándome.
me estoy buscando
y tengo miedo
casi un miedo fanático
de haber sido cómplice
inacabada
porque tambien sonreà cuando querÃa matar.
mis mentiras son sueños
agua que no nadé
y este vicio
este vicio de mariposas
un solo dÃa volando sin cesar
luego polvillo oscuro sobre las violetas.
perdóname ojo de mi cordero adolescente
si en estos años te engañé
y pude ser
diferente.

