2007Junio - Poesia y Poemas
Amor, amor, amor,
moja mis quemaduras
con una sola frase de esperanza sencilla,
una sola caricia
azul
de madrugada,
con una sola noche más.
Amor, amor, amor,
hazme vivir,
hazme resurrección callada,
amor, dame luz a beber, dame luz, dame luz,
dame coraje apasionado, háblame,
moja mis quemaduras
con una sola sÃlaba de esperanza,
una sola caricia
azul de madrugada.
Que me dejen llorar
con lágrimas igual a lapiceros,
con lágrimas iguales a los pájaros,
sólo quiero
que me dejen llorar
a mi manera.
Que me dejen llorar
como lloran los radios en la madrugada,
como los exiliados,
que me dejen
llorar a mi manera.
Baila conmigo en esta noche,
salta,
grita,
y abraza,
sé latido
de vida y amor lento, muy lento,
vÃvelo
casi todo
en esta noche.
Es profeta
hasta el junco
hasta el agua y la noche:
sé
que me estoy muriendo.
Oh, amor, aguja de reloj
congelada en mi fuego,
sólo
soy
un sonido de luna,
y te llamo y te escucho
en el eco
del llanto.
Sé
que me estoy muriendo.
Yo vengo de un almendro y he venido
a despeinar
a esa muchacha.
A viajar
por los mapas de lluvia
y driblar a la muerte.
Llegaba
de un olivo y he venido
para desocupar la nada,
para vender palabras
con olor a tomillo;
yo vengo a resbalar
entre tus pechos con olor dulce a Oriente.
Vengo desde la vid y por suerte soy feo,
feo como la tierra:
mi corazón tiene una puerta
donde anidan
las lágrimas y cantan los jilgueros.
Sobre tu piel
llena de estrechos y llanuras
he venido. Vengo
desde un naranjo viejo
y camino el camino
de tus sobacos salados por el sol,
y de tu vientre
salto a tu paladar.
Soy como un saltamontes
en la temperatura de tu piel,
me siento como un pez
en el agua lentÃsima de las mareas de tu cuerpo.
Soy un gorrión que vuela
de los pesebres tiernos de tu boca
con dirección al libro de tus muslos.
Llegaba de un almendro
y ahora
resulta
que he venido.
Quise buscar la oración almorávide
para llorar exactamente a la hora del desierto.
Quiero decirte ahora
que sigo amándote y que el avión se fue.
Tengo una carta
para ti:
te he querido y he muerto.
La oración de los viernes y el llanto de los viernes
se parecen a verte
y recordarte.
Las flores de barranco
nacen sin más, cada mañana,
como esa flor,
tan terca y silenciosa,
sé que nace
mi amor
por ti
cada mañana.

