2007Noviembre - Poesia y Poemas
Cuando lejos muy lejos, en hondos mares,
en lo mucho que sufro pienses a solas,
si exhalas un suspiro por mis pesares,
mándame ese suspiro sobre las olas.
Cuando el sol con sus rayos desde el oriente
rasgue las blondas gasas de las neblinas,
si una oración murmuras por el ausente,
deja que me la traigan las golondrinas.
Cuando la tarde pierda sus tristes galas,
y en cenizas se tornen las nubes rojas,
mándame un beso ardiente sobre las alas
de las brisas que juegan entre las hojas.
Que yo, cuando la noche tienda su manto,
yo, que llevo en el alma sus mudas huellas,
te enviaré, con mis quejas, un dulce canto
en la luz temblorosa de las estrellas!
Azul… azul… azul estaba el cielo.
El hálito quemaste del estÃo
comenzaba a dorar el terciopelo
del prado, en donde se remansa el rÃo.
A lo lejos, el humo de un bohÃo,
tal de una novia el intocado velo,
se alza hasta perderse en el vacÃo
con un ondulante y silencioso vuelo.
De pronto me dijiste: -El amor mÃo
es puro y blando, asà como ese rÃo
que rueda allá sobre el lejano suelo-
y me miraste al terminar, tranquila,
con el alma asomada a tu pupila.
Y estaba azul tu alma como el cielo.
Mil veces me engañó; más de mil veces
abrió en mi corazón sangrienta herida;
de los celos la copa desabrida
me hizo beber hasta agotar las heces.
Fue en mi vida, con todas sus dobleces,
la causa de mi angustia -no extinguida-
aunque, ¡pobre de mÃ! toda la vida
su mentiroso amor… pagué con creces.
Los tiempos han pasado; ya su boca
no me da sus caricias, ni me abrasa
el fuego de sus ósculos de loca;
¡y sin embargo mi pasión persiste…
pues, cuando a veces por mi senda pasa,
me alejo mudo… y cabizbajo… y triste!
¿De qué remota lengua desasida
proviene este resabio de abandono?
En cavilosa soledad corono
una imagen de niña estremecida.
¿De qué lejano olvido, que se anida
en las letales naves del encono,
desembarca esta queja con su tono
de brisa a la intemperie amanecida?
¿De qué brazos amantes del despego
zarpó el velamen de mi tierna mano,
la brújula extraviada en el abrazo
confinado a la orilla? ¿Qué hay del riego
de besos en que, cándida, me ufano,
si hurté la dirección de su regazo.
Noviembre de 1993
Tú
diminuto
desde tu estatura solar
peregrinas debajo de mi piel;
subes, desciendes
navegas por mis venas;
vas hundiendo tu huella
en un itinerario sin fronteras.
Te sientas en mis bosques pulmonares,
intercambias silencios con mis nervios
aspirando mi sed a sorbos bien pequeños.
Mi pasión oxigena el deletreo
de la palabra incierta.
Todo es luz allá adentro;
mi corazón ardiendo.
El viento de tu espalda me golpea.
Ya no estás frente a mÃ
ya te estás yendo.
Una lluvia se larga a murmurar
por parajes desiertos20
y en mi almohada se queda
tiritando el deseo.
Febrero de 1994
Temblando quedó el labio
de roce imperceptible trastornado;
un sabor de tomillo le ha quedado
temblando en el aliento.
Temblando quedó el fuego contenido
por la intensa fragancia;
nada más que de especias sobrevive
este temblor incierto.
1982
Sobre la lengua
la memoria salada de tus ojos
y los zumos del beso.
Sobre los pliegues de la lengua
el desolado gusto de la ausencia,
la candente sazón de nuestro aliento.
Sobre la penumbra de la lengua
no tanto la dulzura entrelazada
sino el ácido febril del mordisqueo.
Sobre mi lengua alfarera
la posta de tus ojos insomnes,
el largo itinerario de tu cuerpo.
Sobre la lengua
el metálico sabor de tu deseo.
Mayo de 1994

