2008Febrero - Poesia y Poemas
Entre los dedos ágiles la flauta estremecida
como femÃneo talle, dócil a la ternura,
un enjambre de arpegios cautivos apresura
a hermanar del rebaño con la voz dolorida.
Al tañedor infante que a la canción convida
responde sólo el eco de la yerma llanura;
los dioses nunca amaron la pastoril ventura
que arrullan las cigarras en la noche transida.
Y el efebo asà canta: ¡Oh Febo! Sé clemente;
soy bucoliasta y puro, de los dioses ferviente:
dáme el laurel ansiado que tu poder recata.
Y cuando me concedas tu indulgente sonrisa,
consagraré en el ara que la grama tapiza
mi rústica siringa a tu lira de plata.
Versión de Carlos López Narváez
A un árbol, desnuda, subà cierta vez:
la lisa corteza mis muslos asÃan,
en húmedo musgo fincaba los pies.
Tan alto que, apenas, las hojas mojadas
del sol me cubrÃan
con sombra discreta,
me puse a horcajadas
en cómoda horqueta
y balanceaba feliz, al desgaire,
los pies en el aire.
De lluvia temprana, besando mi piel
las gotas rodaban del fresco dosel;
de zumo de flores bermejas tenÃa
las plantas, y el musgo mis brazos cubrÃa.
Y al soplo impetuoso
del viento -al empuje de fuerzas internas-
el árbol hermoso
tremaba de vida…
Lo sentà de pronto, toda estremecida,
y apreté las piernas
y posé, entreabiertos, los labios en llama
sobre la vellosa nuca de la rama.
De “Las canciones de Bilitis”
Versión de Enrique Uribe White
Psiqué, hermana mÃa, escucha inmóvil, y tiembla.
La dicha llega, nos toca y nos habla de rodillas.
Estrechémonos las manos. Sé grave. Escucha aún… Nadie
es más feliz esta noche, más divino que nosotros.
Una ternura inmensa atrae entre las sombras
nuestros ojos semi-cerrados. ¿Qué queda todavÃa
del beso que se calma, del suspiro que se pierde?
La vida ha dado la vuelta a nuestro áureo reloj de arena.
Esta es nuestra hora eterna; eternamente grande.
La hora que sobrevivirá al efÃmero amor
como un velo impregnado de rosa y lavanda
conserva, cien años después, la juventud de un dÃa.
Más tarde, hermosa mÃa, cuando noches ajenas
hayan pasado sobre ti, que ya no me esperarás,
cuando otros, acaso, amiga de las suaves manos,
celosos de mi nombre, rozarán tus pies desnudos.
Acuérdate de que un dÃa vivimos los dos juntos
la única hora en que los dioses conceden, un instante,
a la cabeza inclinada, a la espalda temblorosa,
el puro espÃritu vital que huye con el tiempo.
Acuérdate de que una noche, en nuestro lecho,
acariciándonos con deseos ansiosos de unirse,
cambiamos de boca a boca
la perla imperecedera en la que duerme el recuerdo.
Versión de L.S.
Cuando lo vi, al regreso,
el rostro entre las manos oculté.
Él me dijo: “No temas, nuestro beso
¿quién, quién lo pudo ver?”
“Nos vio la noche” -dÃjele- “y la luna;
nos vio el alba, de fijo;
las estrellas, también.
Se miraba en el lago la importuna
y al agua bajo los sauces se lo dijo”.
“Lo contó el agua al remo
y el remo, a la barquilla;
y al pescador, la quilla.
Ahà no quedó todo, bien lo temo,
pues, ¡ay! el pescador lo contó a su mujer”.
“Si la mujer lo dijo a una comadre,
ya lo sabrá mi madre,
hasta mi hermana,
y la Hélade entera, esta mañana.
Todos, hasta mi padre, ya lo habrán de saber”.
De “Las canciones de Bilitis”
Versión de Enrique Uribe White
LA ESCUELA DE ARTES Y OFICIOS
Yo vi al amor comprar papel sellado
para matricularse por novicio
allà donde ni el arte ni el oficio
vieron jamás papel enamorado.
Raro aprendiz, alumno aventajado,
llenó con su esperanza el edificio
humilde y escolar, pero propicio
a jugar con lo vivo y lo pintado.
Cuando le vio llegar, el viejo Apeles,
tras de cambiar las flechas por pinceles
de los ojos de Amor desató el velo.
¿Quién pudo sospechar lo que verÃa?
Mandi, que estaba allÃ, sà lo sabÃa:
mi corazón sirviendo de modelo.
Tal vez, cuando después de haber vivido
llegue un amanecer a despertarme
les diga a los que puedan escucharme:
¡Qué sueño tan extraño el que he tenido!.
Porque, efectivamente, si no ha sido
mas que un sueño la vida, al acordarme
de todo lo que vino a enamorarme
tendré que darlo todo por perdido.
Tanto peregrinar, tantos sucesos,
tanto cambiar las penas por los besos,
tanto opinar y tanto desengaño,
cuando, de pronto, acabe con la muerte,
con el que al otro lado me despierte
comentaré: ¡Que sueño tan extraño!
DONDE COMIENZAN TODOS LOS CAMINOS
Como mi corazón es este cero
de todos los caminos y del tuyo.
Cuanto de mà comienza en ti concluyo.
De solo a Sol basta una letra, pero
también para morir basta un murmullo
de soledad. A tus caminos huyo.
Pero si nada vale a tu distancia
mi continuo nacer a esta fragancia
de ir entre rosas a buscarte y verte,
desengaña a mi amor recién nacido
y déjame en la nada confundido
de una quietud más dura que la muerte.

