1. William, Lord Herbert, conde de Pembroke.
2. Henry Wriothesley (invirtiendo el orden de las iniciales), conde de Southampton. La mayoría de los estudiosos se inclinan por este personaje.
3. Sir William Harvey, padrino del conde de Southampton y amigo del editor Thorpe, que le había hecho llegar el manuscrito. Aquí se utilizaría el término begetter en el sentido de “getter”, es decir, ‘el que da’, ‘el que procura’.
4. William Hughes, joven actor que en algunas compañías interpretó papeles femeninos, como era habitual en el teatro isabelino de la época.
5. William Hall.
6. El propio Shakespeare, ‘William Himself’.

Como dice Margaret Drabble, quizá la más ingeniosa y divertida sea la que hace Oscar Wilde en The Portrait of Mr. W.H., interesante “nouvelle” basada en la vida de William Hughes. Ninguno de los sonetos va titulado ni lleva fecha. Por tradición, se han distinguido cuatro apartados o grupos, según el tema y contenido de los sonetos: del 1 al 17 están dedicados a un joven bello al que se insta para que se case y tenga hijos. Es la perduración del amor en otro ser amado. Del 18 al 126 en los que se incluyen diferentes temas y situaciones. Están dirigidos también a un joven. Aquí la pasión amorosa adopta múltiples actitudes, rostros y tonos. Del 127 al 152 son los famosos sonetos dedicados a la “Dark Lady”, que no sabemos si de verdad era una mujer negra o si el adjetivo está utilizado de forma metafórica. En cualquier caso no se sabe la identidad de la dama en cuestión. El 153 y el 154 son dos sonetos clásicos y convencionales sobre Cupido. En la serie 1-26 el protagonista es un amigo rubio y pálido de piel e impera una actitud femenina. En la serie 127-152 impera una actitud masculina y se trata a la mujer como un ser nada idealizado. Hay también un poeta rival al que menciona varias veces. Muchos autores han pensado en el conde de Surrey. Otros en Sidney o en Marlow. Probablemente fuera George Chapman.

Los Sonetos versan sobre el amor, desde los aspectos más concretos del amor físico hasta el amor eterno, el amor en sentido metafísico, que no es sino la lucha contra el tiempo y la muerte. Seguramente la fecha de su composición es entre 1592-1598, durante la Elizabethan Sonnet Vogue (´moda isabelina del soneto´). Aunque hablen del amor y la muerte, los Sonetos constituyen, en realidad, un conjunto bastante críptico y una combinación de ingenio lingüístico y sentimientos y pasiones profundas. Sin duda, hay una gran carga psicológica, emocional y biográfica. Si un autor habla tanto y tan intensamente del amor y de la pasión homosexual y heterosexual es porque le preocupa. No se puede, pues, considerar que los Sonetos sean meros ejercicios literarios. El soneto italiano había sido introducido en Inglaterra por Thomas Wyatt. El conde de Surrey cambió la estructura petrarquista de dos cuartetos y dos tercetos por el llamado Soneto Isabelino: tres cuartetos y un pareado final.

La larga y perfeccionada tradición renacentista del soneto le sirve a Shakespeare de apoyo histórico y de modelo formal, pero es en la creación lingüística y en la subversión del tema amoroso donde radica su interés perdurable. Algunos de ellos anticipan ya el mundo metafísico y barroco de la incertidumbre y de la soledad. Nunca la monotonía o el esquema impuestos por el metro fijo logra ahogar el implacable brío léxico y la frescura del bardo de Stratford. El léxico nunca es complicado. Es la pasión desnuda y palpitante, el amor sin maquillaje, lo que convierte a este libro en un breviario o en un devocionario de amor para todos los individuos, épocas o circunstancias. En términos lingüísticos son una joya y sirven como estudio de la nomenclatura medieval. El 75% del léxico son monosílabos anglosajones. Formas muy sencillas, de significación fácil y directa. Se consigue la máxima ambiguedad genérica, sexual y retórica con la mínima complicación léxica posible. El grado de complicidad y de respuesta que se espera por parte del lector es absoluta. Las referencias externas al poema y la multiplicidad de ecos o voces simultáneas, paralelas u opuestas, le dotan de una estructura arquitectónica en la que la polifonía del conjunto coexiste con el protagonismo de los solos. Su modernidad y su universalidad tienen sus raíces profundas en la Edad Media y en el individuo concreto. Shakespeare es el máximo cantor de la libertad radical del yo.

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May 29th, 2007


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1 comentario

  1. angie lorena on October 16, 2007 4:06 pm

    que bueno es como william shakespeare nos lleva a vivir los poemas, a expresar en letras y renglones pasajeros los sentimientos eternos del ser humano. como logra cautivar nuestro espiritu,a descubrir ese amor, cuando se es una joven inexperta en las cosas del amor y que aun sin conocerlo me lleva en ese viaje romantico donde no va con la actualidad, mas concerva la escencia de la conquista, y el hacer sentir a la mujer una verdadera dama y no una pasajera muchacha. angie lorena cardenas

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