poemas g - Poesia y Poemas
Qué demencia, con soplo arrebatado,
me impulsa a ti en un vértigo? Lo ignoro,
sólo sé que te ansÃo, que te adoro,
y que en ti el universo he compendiado.
Tu hechizante beldad brilló a mi lado
y no la supe ver; perdà el tesoro
de tu belleza espléndida; y hoy lloro
la infausta ceguedad de mi pasado.
Mejor asÃ: te ennobleció la vida
en la cruz del pesar, y al encontrarte
te siento a mà por el dolor unida.
Hago de tu dolor sangre del arte,
y te amo con amor cuya medida
se extiende al tiempo que dejé de amarte.
1
Soterradas semillas
cenizas hácense
bajo cimientos rotos
2
Gesto de la doncella
en quebradizos pomos;
sangre la mano de los asaltantes
3
Harina calcinada.
impronta de azulejos,
huella de las vasijas;
el perfume voló cuando entraron los cuervos
4
Bóveda del aljibe;
los jóvenes cadáveres
por el brocal cayeron
5
Recogidas señales
para bajar al rio
un dÃa sin merodeos
que no llegó
6
Mimbres y sedas:
todo ardió en la cruel alba,
nÃtida la victoria en el signo del garfio
7
Los remaches del yelmo,
el pecho de los mozos
saltaron. Dura muerte
escribió la inicial del viento inconsolable.
1982
Vive la corrupción; lo intacto, nunca.
Perdura lo perenne, pero no es. Aguanta
su pesado vado sin sustancia
los siglos, no el instante.
Lo efÃmero sà existe. Cruza su resplandor
entre lo negro. Y grita.
Nadie será testigo del triunfo del silencio.
Abriré las nevadas cordilleras
que componen, amor, tu geografÃa
y subirá un caballo de alegrÃa
hasta el gozo floral de tus caderas.
Horizontales nardos y laderas
que la espuma del mar envidiarÃa
le pondrán a mis besos, como guÃa,
el distintivo de tus primaveras..
Apuraré los últimos pudores
que limitan el reino de las flores
allà donde la vida canta y cuenta.
Y quedaré junto a tus campos puros
como quedan los árboles maduros
después de haber vencido a la tormenta.
“Canción para Wolfang (sic) Goethe”
Los cromáticos yates
Cruzan el mar azul
Azul prusia
De La Herradura
Los Cromáticos dÃas
Que jamás no han de volver
Plenan de flores geranios
Blancos y el resplandor
De los bares: Paz de los bares
Paz de los cinemas
Donde recién ahora:
Qué breve es la vida
Se inicia la PoesÃa
La voz que incontable
Y en misterio
Vuelve para tomar
De cada ser su primitiva
Forma. Yo sé que Goethe
No puede menos que el hacer
Calmar la noche el otoño
Las playas las centellas
El vaso de cerveza
Del apartado ebrio los pétalos
De la soledad, los desiertos
Y las extensiones pálidas
De espuma y sal
Con el cantar que proclama
Que todas las obras de La Creación
Son tan bellas como el dÃa primero
Y que, cada sentir cada anhelo
Es sólo paz:
La inquietante paz
Que algunos llaman vida.
En tu luz matinal como me envuelves,
¡oh primavera amada!
Con todas las delicias del amor,
entra en mi pecho
tu sacro ardor de eterna llamarada;
¡oh infinita Belleza:
si pudiese estrecharte entre mis brazos!
Recostado en tu pecho languidece
mi corazón; de musgos y de flores
dulcemente oprimido, desfallece.
Tú apaciguas mi sed abrasadora,
¡oh brisa matinal y acariciante!
mientras el ruiseñor enamorado
me llama entre la niebla vacilante.
Ya voy, ya voy, y ¿adónde?
¡Ay! ¿Adónde? Hacia arriba, ¡siempre arriba!
Flotan, flotan las nubes o descienden
y abren paso al amor de Ãmpetu fiero.
A mà hacia mÃ, contra tu ser, ¡arriba!
¡En abrazo sin par, arriba, arriba!
Contra tu corazón, ¡oh dulce padre,
oh inmenso padre del amor fecundo!
Versión de Guillermo Valencia
A Gabriel Celaya
Sois tan buenos y desdichados,
tan sobrehumanos,
que me tenéis en algo.
Y voy apuntalado
Por vosotros, por vuestras manos
trabajadoras, vuestros labios
sonreÃdos del alba, brazos
sostenedores, respaldado.
Tan solitario
estoy que apenas valgo
con mi sombra. ¡Cuánto
en lo mÃo es vuestro, y proclamo,
en mi trabajo!
Y no me caigo
del todo, que serÃa malo
para vuestras creencias. Y me canso
tanto
que no quisiera haberme despertado
una mañana más al tajo,
llamo
a la materna muerte, a su regazo
acunador, me pongo a vuestro lado
y procuro mostraros
lo más sano
de mi palabra, el relámpago
que dignifique el barro
original, lo claro
de mis oscuridades, hago
el papel asignado
por el azar en el teatro
del mundo amargo
a ratos,
fascinante, entreclaro
y terrible, aún no descifrado,
criaturas de fe, de canto,
que no sabéis -¡ay, risas!- el milagro
diariamente renovado
que sois. Os amo,
gentes del pueblo llano,
de mis raÃces, campo
pegujalero de mi sangre, árbol
de luz y fruto de mi llanto.
Y me callo, falto
y sin verbo adecuado
para rezarlo,
hermanos.

