poemas h - Poesia y Poemas
El tiempo te vigila, te sorprende, te encarcela, te anula.
Ardemos en su llama como un frágil pabilo intrascendente;
altivo crees vencerlo. Él siempre posee el as de oro;
el reya de la corona nada facilita la derrota.
¡Ay, precarios pueblos de la nieve!
Son la única riqueza de lo eterno, hombre,
eres el fantasma de ti mismo en el instante
y apenas puedes descifrar el preámbulo
donde nacen las aguas de tu existencia.
Estás a tiempo -oyes decir a las comadres.
¿A tiempo para qué, señoras lÃvidas?
Ni siquiera tiempo para morir por ti dispuesto.
“Él” es el tañedor de los variados
y el de los mágicos y sublimes salmos,
el señor de paroxismos, sorpresas deslumbrantes
o funestas y de tu voluntad,
el poderoso señor de la memoria,
y tú, una gota cayendo, espléndida sonrisa acaso
del inocente sin realeza, que vendió sus juegos de existir
y se refugia en las caÃdas hojas de su ala
donde lo apresan las redes de lo inerte.
“Hermosas ninfas que en el rÃo metidas
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de Vidrio sostenidas…”
…echad la llave no salgáis ya más a la ondulada piel de
la corriente grabad deprisa y para siempre el rumor de
las aguas -hoy contar podéis con aparatos de alta fidelidad-
haced acopio de imágenes de márgenes -sugiero que utilicéis
color en vuestras fotos- encerraros por siempre en
la morada dondo el jaspe sustenta diamantinas bóvedas
daros prisa mucha prisa
que vamos a soltar los sumideros
y el rÃo sera ya en pocos segundos
dominio de la espuma detergente.
Y
seguirán diciendo es primavera
diciendo es primavera seguirán
es primavera seguirán diciendo es
lo más seguro pese a todo.
He metido las manos en el fuego
por saber si era cierto su suplicio
y supe -el si era o no lo supe luego-
que el saber esperar ya no es mi oficio.
Y lo es desesperar, quiera o no quiera,
y es el seguir no hallándote en lo oscuro
de esto que llaman llanto por ahà fuera
y yo de que es mi vida estoy seguro.
Y aunque tu mano tarda, a mà me duele
como si no llegara nunca. ahora
me entretengo en trenzar melancolÃa.
Después vendrá la pena como suele
venir: para avisarme que es su hora;
y el estar solo a hacerme compañÃa.
Enero de 1962
Hoy camino hacia el alba. Sueño. vivo
lo por vivir, revivo lo vivido.
Hoy soy el humo manso de las casas
el que me eleva el corazón. Hoy nace,
dentro de mÃ, el pueblo. ¡Qué milagro
soñar, guardar, sentir tanta blancura,
tantas horas gemelas, calles, patios
de siempre, tanta oliva de paz, tantos
recuerdos, tanta infancia mÃa ida!
Hoy es la brisa malva de sus campos
la que me orea el corazón. Hoy crece
su tierra en mÃ. ¡Qué olor a malvavisco,
a romero, a tomillo y a cantueso,
qué verde el ceñidor de sus chumberas,
qué lento andar uncido el de los bueyes,
qué soledad lanar la del rebaño,
cuán dorada su mies, cuán pleno el fruto
de sus racimos en agraz, sus huertos,
su total granazón esperanzada!
Hoy es la sangre antigua de sus gentes
la que me puebla el corazón. Hoy late
el pueblo en mÃ. ¡Oh, qué belleza honda
la de sus leñadores con el alba,
la de su laboriosa artesanÃa,
la de su plaza con su alegre rueda
de niñas en la tarde, sus muchachas
con la sonrisa en flor; esposas, madres
aguardando la hora del regreso
tras la pura clausura del visillo
y esos ancianos de la barba en nieve
trenzando el hilo-pita o la tomiza
mientras baja la luna a su azotea!
Llevar un pueblo asà entre la carne,
con su nube arrollada a la cintura,
con palomas y flores, con campanas,
con rÃos-venas y hacia un mar de dicha,
con amigos y surcos y canciones,
es encalarse el alma y decir: ¡Vivo!
Allà está el pueblo, aquéllas son sus torres.
Sobre mi corazón al fin, crecido
bajo mi voz. Qué renovado gozo
irse acercando hacia su piedra en vilo,
hacia su cal, hacia su nube… Pueblo
norte de un sur, ya para siempre mÃo.
Hemos viajado juntos
a toda vela,
hemos andado siempre
las mismas sendas.
Caminos del cerebro
y los sentidos,
rutas de tus ensueños
y de los mÃos.
Mano a mano
tú y yo
codo con codo,
viajeros por iguales
pieles y poros.
Pensamientos perdidos
labios sedientos,
deseos en la sombra,
soñar despiertos.
Tú me has dado la mano:
no me la sueltes,
sabes que cualquier dÃa
vendrá la muerte.
Mano a mano
tú y yo
codo con codo,
viajeros por iguales
pieles y poros.
“Viajes y estancias” 1975
Haz lo que quieras, pinta como quieras,
el impoluto lienzo
pasivamente aceptará tus huellas.
Hiéndelo libremente, sin prejuicios.
Pero no te abandones a las facilidades,
no desmayes la guardia,
sé siempre muy exacto.
Que lo que digas surja desde dentro,
que las cosas se nombren a sà mismas,
que las palabras jueguen
a juegos de palabras, si les gusta,
y que tu propia vida
vaya manchando el verso con sus botas gastadas.
“Esos tus ojos” 1981
Helada en su corona de deseo
quién la verá, perfume de otro dÃa,
ramo de aire perdido, todavÃa.
Espacio, luz de amor, lengua de aseo.
Terrible, incomparable, alta la veo
quebrar la espuma insomne -alma mÃa-,
en su sabor hallando la alegrÃa,
el sonido, su flor; la voz de Orfeo.
Dura en su nieve, en su adiós de la tierra,
qué ámbito iluminado o noche ciega
la espera. Dónde irá el viento, su dÃa.
Qué mar, qué luna; qué espejo la cierra
desdichado. jQué rÃo alto la riega
sin amargura y bebe su agonÃa!

